Antes de empezar: Una aclaración, estoy un poco demorado con las entradas nuevas del blog, pero se vienen muchas más con cosas nuevas, esperadas e inesperadas. Les recomiendo que se den una vuelta de vez en cuando porque voy a tratar de subir historias nuevas lo más seguido posible. ¡Gracias por la paciencia!
Volviendo a la historia…
Con Agu y Jony habíamos acordado levantarnos temprano para poder hacer el recorrido de la Vía Dolorosa con tiempo antes de ir a hacer el free tour que empezaba a las 11. Eran apenas las 8 de la mañana cuando ya estábamos tras los muros de la ciudad vieja.
Entendí por qué no había podido encontrar la primera estación del vía crucis el día anterior. La primera estación está dentro de una escuela donde se cree que habría estado el palacio de los Sumos Sacerdotes de Jerusalén. Recién en la segunda estación se podía ver algo.
En la segunda estación se encontraban dos capillas. Una, la de la flagelación tiene como característica el vitral que muestra a Jesús en el momento en el que los romanos lo torturan.
Desde ahí continuamos al convento del “Ecce Homo”. “Ecce Homo”, que quiere decir en latín algo así como “He aquí el hombre”, evoca el momento en el que Poncio Pilatos entrega a Jesús a los judíos y se crea el sentido figurado de la frase “lavarse las manos”. El convento está sobre una sección de un antiguo empedrado romano (“litostratos”: piso de piedra, literalmente) que habría pertenecido a la plaza en donde se cree que se dieron estos hechos. Se pueden visitar las catacumbas, pero desafortunadamente la capilla solamente se puede ver a través de un vidrio.
Seguimos un par más de estaciones, las caídas de Jesús con la cruz, la intervención de Simón de Cirene y varias otras más. Algunas estaban más memorablemente marcadas que otras.
El recorrido finalmente llevaba a la Iglesia del Santo Sepulcro. En verdad la idea de volver a entrar a la iglesia no me generó el menor problema. Una iglesia con semejante tamaño y tal cantidad de recovecos iba a ir revelando cosas distintas en cada visita. Esta vez nos dimos el tiempo para poder acercarnos al altar bajo el que está la piedra donde se asentó la cruz de Cristo.
Al salir de la iglesia empezamos a buscar el camino hacia el Domo de la Roca, más que nada porque tiene horarios muy acotados de visita que se extienden solamente hasta las 11 de la mañana. El Domo está en una colina que es sagrada tanto para judíos como para musulmanes dado que para los primeros es el lugar donde estaba construido el templo de Jerusalén y para los otros es el lugar desde donde Dios empezó a crear la tierra. Hoy en día, el Domo es una gran mezquita y uno de los lugares más fotografiados del mundo.
La seguridad para ingresar era bastante intensa, ya que tanto musulmanes como judíos ingresaban al lugar. El ingreso hacia la mezquita contenía un cartel de advertencia de un importante rabino que prohibía el acceso a todos los judíos a la zona del Domo, a la que se accedía a través de un puente de madera estrictamente vigilado.
Después de mirar un poco arriba, vimos la hora y ya estábamos como para ir pegando la vuelta hacia la puerta de Jaffa, donde empezaba el “free” tour de la ciudad.
Llegamos en el momento en el que estaban terminando de armar los grupos y nos acoplamos a uno para no darles tiempo de que se dieran cuenta de que éramos un grupo. El resto ya estaba ahí.
Nuestro guía, un estadounidense que vivía en Tel Aviv, nos empezó a llevar a los lugares más importantes de la ciudad y a explicarnos sobre sus historias y costumbres. Pasamos nuevamente por los mercados, la iglesia del Sepulcro, también vimos un par de mezquitas y antiguas escuelas coránicas. Finalmente empezamos a trepar por el costado de la iglesia (una parte controlada por la iglesia Copta de Etiopía) y llegamos a una parte más alta de la ciudad.
Un rato más de caminata y tuvimos una mejor vista del Domo y el Muro Occidental. El Muro Occidental es más conocido con el título de Muro de los Lamentos fuera de la comunidad judía. Sin embargo, además de las lamentaciones por la destrucción del templo, los judíos israelíes celebran absolutamente todo en este “transitorio” (según su creencia, el lugar es santo hasta que se reconstruya el templo) lugar de adoración.
Continuamos el paseo, viendo las antiguas calles por debajo de las modernas y aprendiendo sobre la falla que formó el Mar de Galilea y el Mar Muerto junto con varios cordones montañosos y que hace de Israel una zona de mucha actividad sísmica.
Sin darnos cuenta llegamos al barrio judío. Un lugar que había sido devastado una y otra vez por las guerras y reconstruido otra vez. Una gran sinagoga dominaba la plaza por donde muchos judíos de barba, bucles y sombreros pasaban para uno y otro lado.
Terminamos de cerrar el círculo y nos reencontramos en el infotourist con varios de los que habíamos perdido en el camino (el tour era en inglés).
Decidimos estirar el recorrido para poder ir a varios puntos bastante célebres, bíblicamente hablando, de la ciudad. La mayoría prefirió ir a descansar un rato, así que quedamos Jony, Agu y yo.
En nuestro camino hacia el exterior de la ciudad vieja encontramos la Iglesia de la Dormición, ubicada en el lugar donde se cree que la virgen María habría pasado sus últimos años. En una cripta se halla un altar dedicado a ella y sobre la cripta se alza una gran iglesia.
Al salir de ahí seguimos nuestro camino que nos iba a llevar fuera de los muros hacia el cenáculo, el lugar donde se cree que tuvo lugar la última cena. No hay mucho para ver adentro, pero el significado del lugar es suficiente atractivo. Ahí cerca también está la tumba del rey David y otra iglesia del tiempo de los cruzados.
Tras trepar un poco la montaña llegamos a la iglesia de Gallicantu. El nombre se debe a que este sería el lugar donde Pedro niega a Jesús tres veces antes que cante el gallo. La iglesia es bastante bonita y está construida sobre una cripta hecha en un lugar que se cree que era un calabozo en tiempos cristianos. Afuera, una escultura representa el momento de la negación.
Iba a continuar todavía más nuestro día porque todavía nos faltaba cruzar toda la ciudad vieja para llegar al monte de los olivos. Sabíamos que no íbamos a tener demasiado tiempo en la ciudad, así que teníamos que conocer lo más que pudiéramos.
Comenzamos a escalar. Pasamos en primer lugar por el lugar donde habría estado la tumba de María, desde donde, según los ortodoxos, habría sido llevada a los cielos. Está adornada muy a la usanza ortodoxa, con cuadros brillantes y candelabros metálicos con velas. Yuxtapuesta se encuentra una cripta que marca el lugar donde permanecieron los apóstoles mientras Jesús iba al huerto a rezar.
Seguimos subiendo el monte hasta llegar a Getsemaní, el huerto. En este lugar se pueden encontrar olivos que según dicen tienen 2000 años o son descendientes directos de los que se encontraban en la época de Jesús. Los troncos huecos y retorcidos delatan la antigüedad de los árboles. La Iglesia de Todas las Naciones (también conocida como la Basílica de la Agonía) los acompaña justo al lado. Hay secciones de varios países e incluso una cúpula aportada por la República Argentina.
El ascenso continuaba por este monte con tanta historia. A nuestra izquierda estaba la iglesia de María Magdalena, de los Ortodoxos Rusos (cerrada ya a esa hora). A la derecha, el gran cementerio judío, que cubre toda la ladera de la montaña y que enfrenta al lugar desde donde llegaría el Mesías en el fin del mundo.
La subida era bastante larga, y teníamos otra parada por delante antes de llegar a la cima. Dominus Flevit, el Dios que llora. La capilla que se ubica donde Jesús se habría detenido a llorar por el destino de la ciudad. No sé si habrá visto el presente del lugar, pero hoy, dividida por la guerra, Jerusalem (y gran parte de Israel) no parece el mejor lugar donde vivir. De todos modos, la iglesia domina todo el paisaje desde arriba y un ventanal detrás del altar apunta directamente al atardecer sobre la ciudad.
La tarde se nos iba agotando y ya estábamos comprimiendo una subida a la que se le podía dedicar un día completo, en un par de horas. Llegamos arriba a la iglesia de Pater Noster y vimos que ya estaba cerrada, al igual que la Capilla de la Ascensión, propiedad de la religión islámica.
Habíamos llegado finalmente a la cima, pero aún había más por ver. Nuestro mapa nos marcaba la iglesia de Bethphage algunas cuadras más allá. Según cuenta la historia, este sería el lugar desde donde Jesús habría entrado en burro a la ciudad de Jerusalén para lo que hoy se celebra como Domingo de Ramos.
Mientras nos sacábamos fotos fuimos muy obvios en nuestra calidad de extranjeros para unos chicos locales que andaban por ahí. Igual, no andábamos muy conversadores ni ellos demasiado amistosos como para trabar mucha relación.
Empezamos a pegar la vuelta previa compra de un agua mineral, cosa que el calor terminó logrando y que antes mi insistencia no, para poder emprender el descenso. Mientras bajábamos venía cayendo el sol en frente nuestro y veíamos cómo cambiaban las luces sobre todas las cosas que habíamos visto en el monte. Recomiendo esta bajada para realizarla con gente de distintas creencias porque garantiza un interesante debate sobre la religión. A mi entender, eso es inevitable en un lugar como Jerusalén.
Al llegar a la base, nos encontramos con otro grupo de los nuestros, los que se habían ido a descansar después del free tour (parece que hiciera una eternidad, pero en realidad habían pasado apenas 4 o 5 horas). Les indicamos los lugares más importantes y los dejamos ir porque tampoco les quedaba demasiada luz.
A pesar del cansancio, decidimos tomar un camino ligeramente más largo, pero mucho más interesante, a través de la Ciudad Vieja para llegar al hostel. Sin quererlo, nos tropezamos con los estanques de Bethesda, donde se dice que habría nacido la Virgen María. El lugar estaba cerrado, por la hora, pero aunque sea pudimos ver la entrada.
Cruzamos las calles ornamentadas y finalmente llegamos al hostel. Había sido un día largo y lo único que esperábamos era un descanso de tanto traqueteo. Conexiones de rigor y una comida más tarde y ya estábamos buscando el descanso, porque al otro día había más para ver.
Casi me olvido de mencionar que en el hostel había otro argentino. Un exiliado de tiempos de la dictadura, que con otros vivía en un pueblo de Francia. Ideologías aparte, siempre es interesante escuchar las historias de la gente y aún más cuando hablan en tu idioma y nadie más a tu alrededor lo hace…
En la próxima, la ciudad del nacimiento





































